La devaluación no soluciona los problemas de la Argentina

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Un estudio realizado por el economista Nicolás Soldatich pone en tela de juicio el pensamiento económico en referencia a sus corrientes devaluacionistas –de gran influencia en Argentina–, teniendo en cuenta las cantidad de devaluaciones que ha vivido nuestro país los últimos 60 años.

Desde hace muchos años, existe la creencia de que una devaluación corrige los desajustes de la economía y la coloca en una senda de crecimiento… ¿Esto es realmente así?

No, todo lo contrario. Y estoy totalmente convencido de ello. He realizado un estudio respecto de este tema y estoy seguro que a medida que el mismo se extienda en la comunidad académica, abrirá un debate muy interesante.

Sobre todo porque el trabajo está sostenido en un pormenorizado proceso de estudio econométrico sobre una serie de tiempo que abarca un período de 10 años, y los resultados son contundentes, ya que durante el período estudiado se sostiene la estructura probabilística, es decir, que los resultados y las relaciones encontradas entre las variables se sostienen independientemente del tiempo.

Nicolás Soldatich pone en tela de juicio el pensamiento económico en referencia a sus corrientes devaluacionistas, teniendo en cuenta las cantidad de devaluaciones que ha vivido nuestro país los últimos 60 años.

¿Cómo surge la idea de llevar adelante este estudio?

Resulta muy interesante investigar la economía argentina. Y padecerla, de alguna manera, lo hace motivante… El estar vinculado con las fuentes de investigación, te permite ver las posibilidades. Entre mi actividades profesionales, me desempeño como profesor en la Prefectura Naval Argentina, lo que me permite estar estrechamente vinculado con el tráfico fluvial y marítimo, que es el modelo rector del estudio en cuestión.

Algo así como el camino a recorrer de lo que se quiere investigar…

Sí, pero con muchas menos certezas de lo que la gente se imagina. De hecho, en las investigaciones –ya sean económicas, químicas, médicas, físicas, etc.–, la metodología es común: todos partimos de una hipótesis y recorremos el camino que la ratifica o rectifica.

Sin embargo, muchas veces nos topamos con resultados sorprendentes que superan nuestras expectativas e incluso contradicen lo que creemos o lo que buscamos probar.

Esta investigación comenzó con la recopilación de datos, la construcción de una serie de tiempo de diez años, a la que luego se le realizaron las pruebas de características econométricas para poder determinar su estructura probabilística y su dependencia o independencia del tiempo… Hasta aquí, un proceso normal, ya que la serie de tiempo cumplía con las características y consistencias necesarias para poder elaborar un índice que sea representativo en condiciones estáticas –es decir, una foto de la realidad–, y en condiciones dinámicas –mostrarnos la película, el trayecto–. Pero también es cierto que construir este índice tuvo característica peculiares.

¿Qué tipo de peculiaridades?

Peculiaridades que surgieron cuando decidí llevar más allá el trabajo de lo que la construcción de un índice requería, es decir, estudiar el comportamiento de la serie durante ese trayecto de tiempo, que no es más ni menos que intentar explicar ese comportamiento.

Muchas veces vemos series de tiempo, como la inflación en Argentina, y vemos que nos muestran un gráfico con una línea que se asemeja a los dientes de un serrucho u ondulaciones que pueden ser más o menos pronunciadas, o bien un trayecto errático como un electrocardiograma de una persona con afecciones cardíacas.

Esto se debe a diferentes factores, o alguno en especial que afecta a esa variable y le provoca ese comportamiento. Descubrir cuál es esa variable que explica ese comportamiento es el verdadero trabajo de investigación.

Ahí es donde entran en juego la prueba y el error…

Exacto, tratando de errar lo menos posible. Uno siempre tiene algunas hipótesis sobre a debe su comportamiento.

En esta investigación, la serie de tiempo y la construcción del índice, se referencian al movimiento de buques, en operaciones de Descargas y Cargas, tanto en el sector fluvial –puertos en ríos–, como en el sector marítimo –puertos en los mares–, pero medido en toneladas de Descargas y Cargas. La propia Organización Marítima Internacional, ha publicado estudios y artículos que demuestran que, por lo menos, el 90% de las mercancías del mundo se transportan a través de buques, lo que es algo muy lógico si pensamos que el 71% de la tierra es agua compuesta por mares y ríos.

Por lo tanto, en nuestro país, es más que admisible asociar que las Descargas de buques están vinculadas a las Importaciones y que las Cargas a las Exportaciones. De esta forma, el índice de Actividad Fluvial y Marítimo es sumamente representativo de la balanza comercial y también del comercio exterior.

Para estudiar el comportamiento del comercio exterior, ¿deberíamos analizar las variables que componen la balanza comercial?

No necesariamente. A modo de ejemplo, cuando el reconocido físico Stephen Hawking, teorizó en su libro “Breve Historia del Tiempo” sobre el Big Bang –como el hecho singular que dio origen al universo y todo lo que lo constituye, incluyendo nuestro sistema solar y demás–, no tenía la foto de esa singularidad, pero sí tenía todos los residuos que dejó, incluyéndonos a nosotros.

Con el mismo criterio podemos probar que una persona disparo un arma por los restos de pólvora que quedo en su mano. O bien, podemos investigar –como lo hace el INDEC–, con la balanza comercial en forma directa, o analizar su comportamiento a través de las consecuencias derivadas de la esa actividad.

En este caso, la forma más representativa, es a través del movimiento de buques, dado que prácticamente todo el comercio se mueve a través de este sistema.

¿Cuáles son las hipótesis que existen respecto de los comportamientos en relación a las variables que pueden afectar la actividad?

En primer lugar debemos analizar lo que sostiene la mayoría de los economistas: “los cambios de la balanza comercial y por consecuencia el comercio exterior, son explicados por los movimientos del tipo de cambio”.

Dichos en otros términos, una importante devaluación inicial, corrige los precios relativos de la economía, y los coloca en función de los transables (exportables). La economía recupera competitividad en el corto plazo y se revierte el déficit de la balanza comercial y con eso se va equilibrando y financiando genuinamente el déficit fiscal hasta que se transforma en superávit.

En segundo lugar, opte por el estimador mensual de actividad económica que elabora el INDEC. Era pertinente la hipótesis de que dichas variables son relevantes, toda vez que un incremento de la actividad económica implica un incremento de los flujos de comercio exterior.

¿Esto no es así?

No. Para explicar el comportamiento del índice en esos 10 años se desarrolló un “modelo matemático que constituye la definición del problema de investigación empírica que se quiere llevar adelante”. La idea central es esencialmente que cuando se define el modelo matemático se realiza una “Selección de Variables”, que viene determinada por la teoría económica.

En este trabajo, se utilizó un modelo exponencial que vincula la Actividad Fluvial y Marítima (AFM) relacionada al comercio exterior con el tipo de cambio nominal (TCN) y el estimador mensual de actividad económica (EMAE) elaborado por el INDEC que, en un período de 12 meses acumulados, arroja el valor de cómo nos fue con el PBI.

¿Y cuáles fueron los resultados de esta investigación?

Como resultado de la investigación y las pruebas realizadas en función de la estimación, se llega a la conclusión que existe una relación técnica entre la AFM y el tipo de cambio en forma positiva e inelástica (elasticidad = 0,13); y que existe una relación técnica positiva respecto del nivel de actividad y elástica (elasticidad = 1.97). Por lo tanto, se verifica que, ante un incremento de 1% del tipo de cambio, la Actividad Fluvial y Marítima se incrementa en 0,13%; mientras que ante un incremento del 1% del nivel de actividad, la Actividad Fluvial y Marítima se incrementa en 1,97%.

Los resultados obtenidos son representativos, ya que la mayor parte de las exportaciones son productos agrícolas y el flujo de salida depende de las condiciones y estacionalidades del clima y la tierra. Por otra parte, el flujo de importaciones, cuya mayor participación se vincula a bienes de capital, no se espera sea sensible al tipo de cambio sino mayormente al nivel de actividad. Justamente por ello, puede apreciarse que la Actividad Fluvial y Marítima es mucho más sensible al nivel de actividad.

En este caso, por el incremento de la actividad agropecuaria e industrial, se espera que el flujo comercial se incremente.

¿Es un mito entonces afirmar que devaluando y con un tipo de cambio alto mejoramos las exportaciones, revertimos el déficit de la balanza comercial y comenzamos a generar dólares genuinos?

Así es. La balanza comercial no reacciona en el corto plazo a las modificaciones del tipo de cambio. De hecho, que su elasticidad sea de 0.13, es que tiende a cero. Esto se corrobora perfectamente con los datos de 2018 y lo que va de 2019.

El año pasado se efectuó una devaluación cambiaria prácticamente del 100% –la más importante en nuestro país desde 1957–, y el comercio no creció, se achicó el déficit de la balanza por el efecto precio, pero seguimos exportando lo mismo, importamos menos y tenemos los mismos problemas que en el período anterior.

¿Por qué un tipo de cambio alto es más conveniente que un tipo de cambio atrasado?

Lo que la investigación demuestra a través de esta relación técnica, es que la devaluación en sí misma no es solución a los problemas económicos de la Argentina. Distinto sería que en el marco de un plan económico integral y abarcativo, se sostenga una política de tipo de cambio alto en el largo plazo, con equilibrio fiscal y superávit comercial… pero estamos hablamos de un plan económico que este Gobierno nunca tuvo. Repasemos un poco de la historia de las devaluaciones en nuestro país, o por lo menos las más importantes asociadas a una política de shock.

La primera fue en octubre de 1958, cuando Arturo Frondizi devaluó un 68,2% y la inflación se aceleró a 113,7%. Esta fue la primera vez en Argentina que la suba de precios superó los dos dígitos. Esto generó una caída del 20,3% del salario real, cayó el consumo y el PBI se contrajo 6,5% en 1959. Como consecuencia de esto, y con el acuerdo del Fondo Monetario Internacional, se aplicó una política de austeridad que provocó una depresión económica. La segunda devaluación tuvo lugar en abril de 1962 con el Gobierno de José María Guido y el ministro de Economía, Federico Pinedo.

El alza del tipo de cambio nominal fue de 64,5% en el año, el PBI per cápita y el consumo cayeron a niveles bajísimos, la utilización de la capacidad instalada cayó a menos del 55%, los precios y la tasa de desempleo aumentaron, hubo una importante reducción del gasto público y la recesión hizo que los recursos del Estado cayeran en una proporción mayor.

La tercera devaluación se produjo en junio de 1975, cuando el ministro de Economía, Celestino Rodrigo, ajustó 99,3% el tipo de cambio nominal, junto a una liberación de precios y la suba de tarifas, con congelamiento de salarios. En los meses siguientes se efectuaron repetidas devaluaciones y, al finalizar el primer trimestre de 1976, la suba acumulada respecto a junio de 1975 fue de 873,7%.

Esto fue conocido como “El Rodrigazo” y muchos se acuerdan como terminó. La cuarta devaluación fue en 1981, el ministro de Economía, Lorenzo Sigaut, –“el que apuesta al dólar pierde”– comenzó a devaluar el 2 de abril. Cuando terminó ese año, el aumento del tipo de cambio nominal fue de 225,8%, lo que provoco una contracción del 5,4% y el desempleo pasó del 2,5% en el período 1979-1980 a 4,8% en el año 1981.

La quinta gran devaluación fue en febrero de 1989 cuando la paridad cambiaria subió 61,1% en relación con el mes anterior, el PBI se contrajo el 4,4%, los salarios cayeron un 14% y la pobreza escaló para situarse en el 40,5% de la población.

Por último, recordemos la devaluación de enero de 2002 con el estallido de la convertibilidad y posterior devaluación violenta: la paridad trepó de 1 a 3 pesos por dólar de diciembre de 2001 a marzo de 2002.

En este caso la finalización de la convertibilidad generó una de las crisis políticas y económicas más importantes del país con una contracción inmediata del PBI y un aumento histórico del desempleo, que llegó al 21,5% en mayo del 2002.

En resumen, las devaluaciones aplicadas en nuestro país tuvieron consecuencias recesivas en materia de actividad económica y regresivas en términos de distribución del ingreso, fueron siempre manotazos de ahogados que nunca lograron por sí mismos corregir los problemas estructurales de nuestra economía.

¿Qué otras aplicaciones tiene este estudio?

La investigación demostró que es sensible el movimientos de buques con el EMAE (Estimador Mensual de Actividad Económica), a partir de la relación técnica de 1.97, casi 2. Esto implica que si Argentina pudiera crecer a un promedio anual del 3%, algo que no es una locura para un país como el nuestro, en un período de 10 años la actividad fluvial y marítima crecería un 60% en función de la relación determinada.

Esta relación técnica hallada es la más importante de todas, porque permite contar con una herramienta que no existía para la evaluación de proyectos de inversión en las áreas de transporte en forma integral y en definitiva, como la energía, son el centro nodular de las políticas de desarrollo que ningún país se debería privar.

¿Podríamos decir que esta investigación es un aporte de aplicación inmediata a la economía argentina?

La valoración la terminará haciendo la academia, por así decirlo. Ojalá muchos economistas la utilicen como punto de partida de nuevas investigaciones.

Sin duda que la creación del índice, y su posterior publicación por parte de la Prefectura Naval Argentina, no solo es un aporte a la información de la evolución del sector –como quedó demostrada a través de su vinculación directa con el comercio exterior–, sino que también da una nueva percepción de esa fuerza de seguridad federal, que tiene mayor impacto económico que policial, aunque ambas se complementan en muchos aspectos.

En definitiva, el estudio hecha por tierra la creencia que la devaluación de la moneda es la solución a los problemas, y entrega al Estado y al sector privado una herramienta para el análisis y valoración de los proyectos de inversión en el área de infraestructura para el transporte y su relación con el crecimiento.